Trabajaba como cartonero, y murió aplastado por un camión.

Alejandro Duran tenía 32 años, y es uno mas de los tantos trabajadores/as , niños y niñas, que cartonean en condiciones extremas y de gran peligrosidad.

Nacionales 11/02/2022 Zaida Charafedin Zaida Charafedin
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Alejandro Durán, el joven reciclador de 32 años que murió aplastado por un camión compactador en el basural de Pergamino

Alejandro Duran tenía 32 años y ayer, cerca de las 10 de la mañana, murió aplastado por un camión compactador en el basural a cielo abierto de Pergamino. Le decían “Jarri” y, como otras aproximadamente 80 personas, trabajaba en el lugar para llevar un plato de comida a la mesa de su familia. Esta mañana fue velado, rodeado de sus seres queridos.

Para quienes conocen de cerca esta realidad, su fallecimiento, además de haber sido “totalmente evitable”, expuso de forma cruenta la situación de miles de cartoneros y cartoneras que trabajan en basurales a cielo abierto de todo el país. Lo que sucede en el relleno sanitario de Pergamino es apenas una muestra de las condiciones extremas que enfrentan todos los días: entre toneladas de basura y un olor que golpea la nariz como un trompada, sin ningún tipo de medida de seguridad, expuestos a un abanico de accidentes y enfermedades, hombres, mujeres, e incluso niñas y niños, escarban buscando materiales para reciclar, como cartón o botellas de plástico, pero también lo que representará la comida para ese día. El riesgo de cortarse o pincharse con cualquier cosa, es enorme.

“Nuestros compañeros comen y viven del relleno sanitario. Es una bomba de tiempo donde los accidentes ocurren casi de manera cotidiana”, resume Gerardo Chichizola, militante del Movimiento de Trabajadores Excluidos, al que pertenece la Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores (Faccyr). Vive en San Nicolás y conoce de cerca la situación en Pergamino. Dice que, en esa ciudad, el relleno sanitario es más bien “una montaña de basura, porque no se hace un tratamiento prolijo de los residuos ni mucho menos”. No hay ni una canilla (ni hablar de un baño), ni un botiquín de emergencias. “En ese contexto, muchas veces lo que se termina imponiendo es la ley de selva y pasan cosas muy tristes”, dice Chichizola.

Lo describe como un lugar donde hay pendientes a los costados y algunos caminos estrechos entre los residuos, que muchas veces colapsan de material y hacen que moverse sea sumamente complicado. “Para colmo, hay mucha circulación de camiones que no se manejan con la prudencia con la que se debería”, agrega Chichizola. Sostiene que lo mismo sucede con la retroexcavadora, que realiza sus tareas a escasos metros de los cartoneros: durante la pandemia, por ejemplo, un hombre que trabajaba en el lugar perdió parte de su pie en un accidente provocado por esa máquina. Ese mismo escenario caótico, se recrudece durante la noche, donde todo sigue funcionando igual, pero en penumbras.

de pergamino

El ingreso al basural está, según cuenta el integrante del MTE, “completamente desregulado”, ya que hay accesos por varios sitios. Eso hace que entren, generalmente por los campos linderos, no sólo adultos, sino chicas y chicos, algo que la Faccyr observa con “gran preocupación” y trabaja para prevenir.

Una problemática de largo arrastre
Según estimaciones de la Faccyr, en la Argentina más de 150.000 personas trabajan recuperando materiales reciclables en centros urbanos o en basurales: de ellas, 15.000 están agrupadas en las 120 cooperativas representadas en la Faccyr, mientras que el resto trabaja por su cuenta. Cada trabajador recupera, en promedio, unos 100 kilos de materiales reciclables por día –el equivalente a lo que generan 100 personas –, generando un impacto significativo en el medio ambiente, la higiene urbana y la economía circular.

La situación de mayor vulnerabilidad la enfrentan los que están en los basurales a cielo abierto. Es una población atravesada por la pobreza estructural, que incluye a familias que llevan hasta cuatro generaciones dedicadas a ese trabajo.

Con respecto a la situación del basural de Pergamino, desde el MTE explican que su presencia en el lugar busca garantizar derechos elementales (como el salario social complementario) de las y los trabajadores, y que todo “no sea tan crudo y descarnado”. Reclaman que “sigue faltando la presencia del Estado para poder montar una planta recicladora que permitiría que muchas personas pasen a trabajar en mejores condiciones”. Chichizola, cuenta: “Eso es lo que queríamos con Alejandro, que pudiera dejar de trabajar en una montaña de basura expuesto a tantas cosas y hacerlo en condiciones más seguras. Pero no llegamos”.

Sobre las familias que trabajan en el lugar, explica que si bien algunas consiguen de vez en cuando un trabajo golondrina o una changa, como Alejandro, “no tienen un sustento más sólido que ir a reciclar al relleno”. Y agrega: “Está claro que no tienen elección y tampoco es que están ahí por una cuestión cultural o esas tonterías que pretenden simplificar un análisis que debería ser mucho más profundo. Nadie elige eso”.

Aunque la mayoría de los cartoneros y cartoneras continúa en situación de gran precarización laboral, la organización en cooperativas y el impulso de proyectos que articulan al sector público, privado y gubernamental, generó en los últimos años un cambio radical en la calidad de vida de muchos de ellos y sus familias. El concepto que buscan instalar es el de “reciclaje inclusivo”, que prioriza la recuperación y el reciclaje, reconociendo y formalizando a los recuperadores como actores clave.

Desde las cooperativas y asociaciones, coinciden en que las principales deudas del Estado son, por un lado, la necesidad de implementar cuanto antes un programa nacional de recuperación de materiales reciclables que incluya el trabajo de las cooperativas. Por el otro, la sanción de una ley de envases que prevea la responsabilidad extendida al productor que use plásticos, para que se hagan cargo de la gestión de esos residuos.

En el basural de Pergamino, las y los cartoneros piden que se garanticen las medidas de seguridad elementales y que se controle el “caos de camiones que entran a toda velocidad”. Pero, más de fondo, consideran fundamental fortalecer las políticas públicas de reciclado por fuera del relleno sanitario, para que exista “una alternativa real para cambiar ese modo de trabajo; es decir, seguir reciclando pero sin poner en riesgo la vida todos los días”.

fuente : LN

 

    

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