¿Quién se acuerda de Agustina Tolosa?

Pasa el tiempo y la solución para la mujer de 72 años, sigue demorada.

Actualidad 25/10/2021 Luis Aubrit Luis Aubrit
Agustina Tolosa

La velocidad con que se producen diversos acontecimientos, tiende a hacernos “olvidar” aquello que nos movilizaba. El caso de Agustina Tolosa, que tuvo gran repercusión en los medios y la ciudadanía de Córdoba, es un claro ejemplo de ello.  
Paso el tiempo y la solución que parecía definitiva, sigue sin “aparecer”.  Por ahora, la incertidumbre, esa que aconsejaron acostumbrarnos a vivir, sigue en el horizonte de Agustina, su hija y su nieta.  
El colectivo que la acompañó durante la amenaza de desalojo, pone en alerta de la situación que padecen las mujeres a varios meses de un compromiso asumido por distintos organismos. El sábado pasado, en la localidad de Salsipuedes, se realizó una conferencia de prensa que pone al desnudo esta situación. Un comunicado leído por una vecina de la zona, grafica la falta de solución y las noticias falsa que circularon para lograr que todos nos olvidemos de Agustina Tolosa. 


En plena pandemia, hace unos meses, circularon audios anunciando el dispositivo de desalojo, para Agustina, su hija y su nieto.  
“Tres camiones –se anunciaba desde el municipio-: uno para los muebles, otro para los animales y el tercero para las personas. Personal policial masculino y femenino por si hubiera resistencias”. Explicaban quienes dicen representarnos. Sorprendía tanta disposición y eficiencia, cuando para situaciones de salud o emergencias, los y las vecines nos encontramos con la respuesta de falta de recursos.   
Tras esos anuncios, vecin@s, organizaciones políticas, comunitarias, culturales, nos acercamos. Como Agustina, diapuestxs a todo para defenderla. Porque Agustina somos todxs y Agustina no se va. 
Asambleas, guisos de lentejas, niñxs corriendo entre gallinas, gansos, pavos reales. Una chancha gritando a lo lejos. Un cardenal en una jaula. Una laucha atravesando una siesta soleada, rebelión en el pueblo. 
Se contaban los días, las horas, se planeó un acampe en el lugar.... Pero unas semanas después, un comunicado expresaba un cálido agradecimiento a las organizaciones, al intendente y séquito, a un legislador provincial, a la parroquia y su párroco, al tiempo que anunciaba un supuesto final feliz. Agustina no iría a la calle sino que le sería dado un terreno en el que le construirían una casa. El terreno, de menos del 20% del tamaño del que ocupa, no sería de ella ni de su hija. Lo decidieron sin Agustina y la respuesta para quien preguntaba era: es lo mejor que puede esperar. 
"Esta es mi casa, esto no era de nadie", repite Agustina. "Hay una sentencia firme. Ud. No se presentó al juicio", le respondían. "Pero un auto de la municipalidad me chocó, no podia moverme, mi hermano se estaba muriendo, había paro de colectivos, y la pandemia...",  todas respuestas de Agustina, que caían en oídos ciegos. 
Tiene que firmar le decían. "Su hija quiere que firme. Van a quedar en la calle si no firma", era la amenaza de cada día.  
…………….. 
Hace meses que Agustina se levanta sin saber si su casa seguirá siendo su casa. Construyó con sus propias manos varias de sus paredes. Lo hizo sobre una tierra olvidada. Un basural dice Agustina. Cuando llego dormía bajo una mesa q tapaba con un nylon. 
Llegó allí por indicación de la municipalidad de Salsipuedes. Era de un hombre sin herederos que murió hace más de 70 años.  
Además de habitar, construir y poblar de animales que corren libres en la puerta de su casa pagó los impuestos durante 23 años.  
Para quienes la visitan y no ven con ojos de codicia, no hay dudas de que esa es su casa. Pero hay quienes hace un tiempo le explican que hay una sentencia firme. Que se tiene que ir. Que no se puede hacer nada.  
Escuchándoles me es inevitable pensar en la historia no tan lejana en que las mujeres no podíamos ser poseedoras de tierras, no teníamos potestad de nuestrxs hijxs, no podíamos votar, hablar o amar con libertad. Una vez más, una mujer no tiene derecho a una casa, a una tierra donde vive como quiere vivir. 
El patriarcado con su traje más cínico ya decidió su destino y el de la tierra. Ya la repartió entre varones que quizás en algún momento pensaron que sería como sacarle un caramelo a la inocencia.  
Agustina ama con inocencia, pero tiene 72 años y está cansada. No quiere construir una vez más su lugar en el mundo. Ya lo hizo. 
 

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